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Friedrich D’ Nassela

Nuestra sociedad —tristemente— tiene líderes que quizá no merezca, pero que sí fueron elegidos por la venia y gloria de millones de feligreses incautos.

Friedrich D’ Nassela

La mayor parte de la población en su buen uso de razón, criticó y sentenció la época de las dictaduras, y hasta ahora somos críticos con ciertos regímenes del medio oriente y oriente. Enjuiciamos con dureza el actuar de esos líderes y entristecemos del padecimiento que viven aquellos seres humanos en manos de hombres sanguinarios. Un gobierno boliviano que dice: No me llamen dictadura. No obstante, parece ser que, hemos olvidado nuestra realidad y optamos por saber que existen seres humanos en peores situaciones que la nuestra. Un triste y penoso acto de consuelo. 

¿No será que vivimos también en una «dictadura» moderna?

Eso nunca. El gobierno dirá: No me llamen dictadura.

Ahora bien, más allá del consuelo transitorio y razonable, vivimos en un estado político en crisis de legitimidad y veracidad; una casta política que disfraza la realidad y manosea la información con la única finalidad de engordar su asquerosa riqueza. En ese atajo de mal olor y séquito de fieles tenemos a jueces, fiscales, diputados, senadores y hasta sus propios costureros.

¡Menudos y repugnantes personajes!

¿Qué tipo de democracia es esta? Un presidente de gobierno que promueve un referéndum para ser habilitado a unas nuevas elecciones, y ese mismo referéndum que debió o creyó que sería a su favor, no lo fue. Pero a pesar del no, volvió a tomar medidas autoritarias para encontrar su voluntad. ¿Resultado? Candidato habilitado tras 14 años en el poder.



Pues bien, ya está bien de tratarnos como borregos, de jugar con la educación de nuestros hijos, de robar el 30% de cada lápiz, cuaderno o almuerzo escolar que —milagrosamente— reciben nuestros niños y niñas.

Ya está bien de jugar a listos e imbéciles, de aprobar inversiones millonarias para construir estatuas o escuelas de «alto nivel», y a cambio nos construyen algunos habitáculos deficientes donde reinará la mugre y los escombros. Techos que caerán al tercer mes de haberse inaugurado tan colosal y “honorífica escuela”. Palabras de ciertas autoridades.

Una honorífica escuela que apenas puede albergar a 50 niños y niñas, dejando fuera de contemplado derecho a cientos de infantes que desean desmesuradamente asistir a una “escuelita”. Desde un punto de vista humano, si fuera el Ministro de turno no sólo dejaría ese cargo, también debería dejar de hacer el ridículo en el circo político.

La educación es un derecho, nacional e internacional, o dicho de forma más clara, un derecho universal. La realidad nos cuenta que la educación no es la prioridad de la casta política, —afirmo lo que escribo— tendremos días peores; políticos soberbios, canallas, ladrones y asesinos. Sin duda, viviremos en medio de hienas hambrientas, seres sin escrúpulo y verdaderos animales políticos. Pero ojo, no desde la perspectiva que exponía de manera bellísima el gran Aristóteles, sino desde una perspectiva destructiva y de una alta indigencia intelectual.

Nuestra sociedad —tristemente— tiene líderes que quizá no merezca, pero que sí fueron elegidos por la venia y gloria de millones de feligreses incautos. ¿Una elección que tuvo precio? Sí, un puesto de trabajo. Pero todo ese precio lo vamos pagando cada día. La ignorancia jugó con nuestro apetito y, este último, nos seguirá sumergiendo en la pobreza.

La educación y la aplicación de los derechos son tareas pendientes. 

El autoritarismo de un presidente de “izquierda” es una realidad que inició como un sueño y se ha convertido en una pesadilla para la bien llamada democracia. Y sin lugar a duda, es una alegría para los feligreses de Castro y Chávez. Este último, un líder peculiar en su momento, pero que está siendo olvidado por culpa de un autoritario llamado Nicolás Maduro.

¿Días mejores? Sólo depende de ti. Elegir una vez más al mismo individuo que un día prometió no hacerlo, y que además, cambió las reglas del juego a su favor, será tu decisión.

No me llamen dictadura, ese será su consuelo.

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Un pensamiento para “No me llamen dictadura”

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